Nacional cayó del cielo a la tierra muy de golpe. Sin escala, sin permitirle a sus hinchas una pequeña adaptación a las imágenes tan radicales de un partido al otro.
De la iluminada noche de Río a la tormentosa jornada de Montevideo casi en un abrir y cerrar de ojos. Aquello que antes sirvió para meter un soberano triunfo de visitante se fue como agua entre los dedos el día que había que hacerse valer de local.
Demasiado diferente, especialmente en el manejo de la pelota, en el ritmo de juego y en la sorpresa con la que se atacó para hacer daño.
La cuenta de ahorro se escapó, el triunfo ante Vasco de visitante no pudo ser ratificado como anfitrión frente a Libertad porque al tricolor le cerraron los camino. Sí, Libertad jugó un partido brillante desde lo táctico, con un esquema que recién se abandonó cuando al bolso le llegó al desesperación y se dieron cuenta que venía el negocio.
Ya se preveía que la mano iba a ser diferente, porque los paraguayos no iban a asumir el papel protagónico y se iban a encargar de cubrir todo el ancho de la cancha.
Ocurrió. Lo hicieron. Y muy bien. Su tarea obligó a los jugadores tricolores a tocar demasiado para los costados y con un agravante, esta vez no hubo tanta precisión en las entregas. Parecía que la pelota estaba viva, rebotaba de un lado para el otro, costaba asegurar el pase y mucho más el control.
Las dificultades para llegar al arco de Rodrigo Muñoz se fueron agravando con el paso de los minutos, increíblemente poco después que se hubiese sacado buen rédito de una incursión de Tabaré Viudez por izquierda con participación de Vicente Sánchez y definición por el centro del área de Marcos Aguirre.
En lugar de tranquilizarse el equipo de Marcelo Gallardo fue perdiendo el control del juego y empezó a caminar por un terreno complicado, en el que fallaba en la elaboración y ofrecía ventajas en la retaguardia. Velázquez, Santana y Civelli estuvieron muy cerquita de meter el 1-1 antes de que terminara el primer tiempo.
Nervioso, impreciso, poco creativo y con escasa llegada sobre el fondo del elenco paraguayo, el “Muñeco” creyó que Matías Abero iba a darle más profundidad a su ofensiva. Muy lejos no estuvo de embocarle, sobre todo porque el número 16 tuvo en sus pies lo que pudo ser el 2-0.
Sin embargo, el tiro reventó el caño y desde ahí en adelante la noche se empezó a complicar muchísimo más.
No demoró mucho y fue de golpe que se vino todo abajo. Primero por un grueso error de Maximiliano Calzada al quedarse corto con un rebote tras un córner y después con el descalabro defensivo.
En cinco minutos Libertad dio vuelta el partido y definitivamente se transformó en el dueño del cotejo.
Sobre todo porque el mediocampo de Nacional no fue ni por asomo el del espectáculo en Rio y porque todos entraron en el reino de la desesperación.
Con tiros demasiados largos, con pases muy cortos o con acciones que tuvieron empuje pero nada de “pienso”, Nacional se fue ingresando cada vez más en el juego que le servía a Libertad, que bien pudo terminar de liquidar la noche.
Sí, también pudo llegar el empate cuando Alexander Medina lo dejó de cara al gol a Tabaré Viudez, pero en el mano a mano ganó el “Popi” Muñoz y ahí mismo se frustró la jornada.
Demasiado rápido para gusto del hincha, que se había ilusionado, y en gran forma por lo que sucedió en la visita a Sao Januario.
De aquella jornada en la que se llegó a tocar el cielo s e cayó de golpe al suelo. Todo el mundo sabe que el equipo está vivo, pero el cambio fue muy fuerte.
El País Deportivo
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