Un justo y merecido homenaje

970261_591282964237927_1998083802_nEl próximo martes 13 de mayo, a las 19:30 horas en el Museo del Fútbol del estadio municipal Centenario de la ciudad de Montevideo, Uruguay , el Decano del fútbol uruguayo homenajeará al primer hincha del fútbol mundial: el tricolor Don Prudencio Miguel Reyes.

Organizado por la Comisión de Historia y Estadística del Club Nacional de Football, se tratará de un evento que contará con la presencia de importantes conferencistas y con prensa extranjera invitada.

 

A continuación, compartimos la historia de Don Prudencio

El primer hincha

A principios del siglo XX, el ambiente en las canchas era un poco diferente a como lo conocemos hoy en día. Durante décadas, el fútbol rioplatense fue asunto de ingleses, el cual se practicaba con un clásico estilo anglosajón, más bien formal, que solían tener para los demás deportes importados de su tierra, como el rugby, el cricket, el hockey, el golf, el tenis o el polo.

El público que asistía a los encuentros mantenía cierta seriedad y una postura en general recatada, a excepción del momento de la anotación del gol, en donde las manifestaciones no pasaban de algunos aplausos o una exclamación de alegría o decepción.

Luis A. Sciutto, conocido en Montevideo por “Wing” y en Buenos Aires por “Diego Lucero” fue uno de los escritores que mejor supo mezclar el lenguaje “reo” con el “culto”. El mismo hacía una transcripción sobre “El Hincha”:

“Prudencio Miguelito Reyes, el gordo Reyes, un Fanático de los nacionales por afición, y talabartero de oficio, iba al Parque Central donde los muchachos le daban un lindo laburo: hinchar la pelota con que se tenían que jugar los partidos. Como era talabartero, gran dominio del cuero, y además tenía dos manos como dos marrones y unos dedos que parecían salames, el coso era poseedor de un arte maestro pa’ cerrarle la boca a la traviesa, previo dobladillo del piripicho, pasada limpia de la orejera y enhebrada del tiento; porque desde afuera parece poca cosa el asunto, pero ese es un arte como otro cualquiera”.

Orgulloso de su función y de su activa participación en la causa tricolor, llegaba al Parque Central, inflaba ostensiblemente las pelotas confiadas a su custodia, y desde el pitido inicial y a lo largo del partido se dedicaba a alentar constantemente a su cuadro. Sus gritos “¡¡Nacional, Nacional!! ¡¡arriba Nacional!! ¡¡Vamo’ arriba Nacional!!” eran una nota constante en el devenir del encuentro.

En aquel entonces, no existían infladores como en la actualidad y los balones eran hinchados a fuerza de pulmón, por lo que resulta fácil imaginar como resonarían los gritos de aquel talabartero en las canchas de la época.

Al estupefacto público que asistía a los partidos de fútbol en el 1900 le resultaba extraño que Prudencio se paseara de punta a punta, al borde de la cancha, alentando a los jugadores, lanzando gritos con su vozarrón y generando un clima que, hasta entonces, no se había visto.

Tan insistentes eran las ruidosas demostraciones de Reyes, que allegados y visitantes se preguntaban: “¿Quién es ese que grita?” La respuesta era unánime…“Ese es el hincha”… “El hincha pelotas de Nacional”.

El “hinchador” de Nacional ya formaba parte del espectáculo…

Don Prudencio fue justamente el que rompió con la seriedad reinante, se ponía al borde de la cancha y animaba con su imponente vozarrón de paisano oriental a los jugadores. Era tal su pasión por el fútbol y por Nacional, que vivía los partidos con una afición desmesurada, gritando cada pase y arengando al resto de los espectadores para que animasen al equipo de sus amores, armando un clima mucho más festivo que enseguida prendió en los asistentes y se hizo popular.

Poco tiempo hizo falta para que los gritos de ánimo de Reyes no fueran en solitario y para que a sus compañeros en la grada se les conociera como hinchada.
La palabra hincha se fue aplicando a los partidarios de Nacional que más gritaban en los partidos; más tarde se extendió a los demás clubes, cruzó el Río de la Plata, para luego proyectarse al resto del mundo.

Ese ser, el “hincha” significa muchas cosas, pasión, partidarismo sin concesiones, algo noble, algo patético, enfermos de una causa, integrantes de una religión, de  mil maneras se ha hablado, escrito, comentado, filmado, etc. La adhesión de los individuos a una institución deportiva.

Eduardo Galeano, en su libro “El Fútbol a sol y sombra” dice entre otras cosas “jugar sin hinchada, es como bailar sin música”.

Ese aporte de nuestro Nacional, primer club criollo de América, consolidador de la identidad uruguaya en lo deportivo, sostén eterno de las  Selecciones nacionales desde el 13 de Setiembre de 1903, tiene también en esta “palabra” que tanto significa, un rol de primera magnitud.

La potente matriz criolla y popular de Nacional está nuevamente demostrada en este hecho concreto, ya sea curtidos por la gloria o por los sinsabores de la derrota el hincha tricolor de hoy debe asumir y lo hace, el legado que le viene del fondo de la historia, la hinchada que siempre alienta, que siempre está, que nunca abandona, alentando en las buenas y en las malas, como “el gordo” Prudencio Miguel Reyes  uno de los primeros, sino el primer fanático del Club.

Salve Prudencio, tu recuerdo, tu ejemplo, estará siempre en el corazón de los tricolores de ley y de todos los hinchas del mundo.